Sin ningún tipo de duda el amor es uno de los factores fundamentales de la vida de las personas. Es por eso que intentaremos dar muchos consejos sobre el tema, para que nadie se quede afuera de este sentimiento tan arraigado. Según dicen por ahí, el amor es algo que todos deberían sentir, experimentar y vivir. Es una sensación única de la que nadie puede prescindir.

Muchas veces ocurre que se confunde el amor con la pasión, algo que sin duda se encuentra incluido dentro del amor, pero no es el amor en sí mismo. Sino que es un sentimiento de arraigo tan grande que se entremezcla y por lo general la mayoría de los casos puede dar lugar a confusión. Las relaciones sexuales pueden tener consecuencias de este estilo, y mayoritariamente les ocurre a las mujeres. Cuando están varias veces con un hombre sin compromiso pueden llegar a confundir y mezclar otros sentimientos más cercanos al amor que a la pasión.

Sin duda esto puede devenir en un conflicto que muchas veces puede terminar por lastimar a una de las dos partes. Es que es muy difícil discernir cuando se trata de amor verdadero y cuando es una simple sensación de felicidad y romance pasional. Además en estos casos influye el factor miedo. Es que quien cree estar enamorándose o confundiéndose teme decírselo a la otra persona por miedo a que ésta se aleje de ella.

Es por eso que muchas veces ambos sienten lo mismo y ninguno se anima a decirlo, y están así durante meses o años inclusive. Es por eso que hay que animarse, aunque siempre tanteando como viene la situación por las dudas.
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* ¿Mi cónyuge es feliz? Hacerse esta pregunta permite recordar que el foco está en el otro y ayuda a reconocer a tiempo los aspectos en que puede mejorar la relación.

* No angustiarse ni paralizarse cuando hay problemas, sino buscar las herramientas que todo matrimonio posee para resolverlos.

* Es clave “hacerse querible”, es decir, facilitar al otro para que te pueda querer más y mejor.

* Vivir el matrimonio de forma asertiva y no a la defensiva. Las mujeres, sobre todo, tienden a desconfiar o a dar segundas lecturas melodramáticas. Es necesario ser sincero sin atacar al otro y sin miedo.

* A mayor confianza en el matrimonio, mayor debe ser el respeto y la valoración de la entrega del otro. Para eso hay que renovar cada día la elección del otro como la persona más importante del mundo.

* No sentirse culpable por no gustar de TODAS las características del otro.

* Usar la inteligencia no sólo en el trabajo, sino también en la casa. Con ella se distingue lo malo de lo bueno, la manera correcta de actuar.

* Cada uno debe intentar sacar lo mejor del otro, pero respetando su esencia y su derecho a ser él mismo.
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Ya sea por trabajo, por estudios, o por cuestiones diferentes, puede ocurrir que la pareja deba viajar a otra ciudad, u otro país inclusive, por un determinado tiempo.

Esto sin duda es una verdadera complicación, ya que el extrañamiento se hará completamente explícito y será muy difícil llevar a delante la relación. Cuando esto ocurre de manera repentina el conflicto es mucho peor, ya que rompe con la rutina diaria de tener a la pareja cerca, algo que hace que sea todo mucho peor. DE hecho muchas parejas en estos casos deciden separarse, creyendo o considerando que esto será lo mejor para ambos, al darse libertad o algo por el estilo.

Sin embargo esto suele ocurrir en parejas que no sienten amor verdadero, ya que quienes se aman intentarán como sea manejar la situación, buscando soluciones menos extremistas. De esta manera se puede viajar cada tanto al lugar donde debe trasladarse la pareja, o hasta incluso acompañarlo sea el tiempo que sea. Pero esto claro, no siempre es posible, por diversos motivos que no vienen al caso.
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Sentir que se hirió al otro no debe deprimir o estancar. Debe tomarse como un tirón de orejas: llevarnos a reparar y analizar las causas de nuestro error.

Cuando dos personas comparten la casa, los hijos, las responsabilidades, el tiempo, las platas, los amigos… son infinitos los momentos alegres que pueden vivir. Pero igualmente infinita puede ser la lista de malos ratos, provocados por errores, descuidos o simplemente por las diferencias naturales de cada uno.

Estas discrepancias o peleas son normales y no tienen por qué perjudicar la relación. Pero, lo que sí desgasta el vínculo es no ser capaces de reconocer cuándo tuvimos la culpa y no saber reparar de la manera apropiada ese daño que provocamos en el otro.
La actitud ante el error

La culpa es tener la responsabilidad de las consecuencias negativas de un acto u omisión. El culpable puede adoptar diversas posturas y de esa actitud dependerá, en gran parte, el mayor o menor distanciamiento que provoque el error cometido. Algunas maneras equivocadas de tomar la culpa son:

Bajarle el perfil: Pensar “Ya me equivoqué, no hay nada que hacer”, o que no es para tanto y que el otro es exagerado o sensible.

Enrabiarse: Sentirse atacado por la queja del otro. Así, se invierten los papeles y el culpable termina enojado con la “víctima”, en el fondo, porque lo está obligando a aceptar que se equivocó y eso lo hace sentir mal.

Quedarse en el remordimiento: Se le llama culpa persecutoria, pues el culpable se recrimina una y otra vez por su error, sin perdonarse a sí mismo. Esto lo llena de tristeza y lo aleja, pues se siente un peligro.

No ver la culpa: Hay quienes sencillamente no tienen idea de que hicieron algo mal, por lo tanto no se sienten culpables ni entienden la queja de su cónyuge. Otros, esquivan la culpabilidad justificando su actuar o buscando atenuantes.
La culpa correcta

En contraste, existe una manera de abordar la culpa que es positiva y una oportunidad para mejorar como personas y como matrimonio. Es una postura ante la vida que consiste en aceptar que podemos herir a otros y hacernos mal a nosotros mismos. Es decir, es una culpa que no devalúa a la persona por haberse equivocado, pues siempre se supo que eso iba a suceder. Esto no significa comenzar derrotados la batalla o usar como pretexto la imperfección humana, sino reconocer lo que somos.

La culpa sana implica también hacerse responsable de esos daños e intentar repararlos. Esto es posible porque el foco no está en uno mismo -“¡qué mal marido soy!”-, sino en el otro -“¿qué puedo hacer para que mi señora vuelva a estar contenta?”. Es entonces una culpa que mira entusiasta al futuro y permite mejorar. Eso no ocurre cuando la persona sólo se queda pensando en lo que sucedió, en lo que debería haber hecho, en qué hubiera pasado si hubiera dicho otra cosa… De esa manera la culpa nos hace perder nuestro presente, nos estanca en el pasado y en el error.

Mirar con los ojos del otro

En algunos casos la equivocación es evidente y el culpable, también. Por ejemplo, si el encargado de ir a buscar al hijo al colegio no fue. Pero otras veces, el error es subjetivo y tiene que ver con la forma de ser y las necesidades particulares de cada marido o mujer. Así, lo que le molesta a uno, no tiene por qué molestar al otro, o al menos no con la misma intensidad.

Por eso, conocer y aceptar al cónyuge es fundamental. Y por lo mismo, cada error o desencuentro es una oportunidad: deja en evidencia la necesidad de mirar con más detención al otro. ¡Cuántas peleas incluyen la frase “es que no puedo entender que te importe tanto eso”! Y la verdad es que no se puede dictar qué es importante o no para el otro. En ocasiones podrá tratarse de mañas excesivas, pero la mayoría de las veces corresponde a formas de ser o tiene que ver con vivencias anteriores. Entonces, al evaluar si se actuó bien o mal, no sólo se debe tomar en cuenta el propio criterio, sino también el del cónyuge.
El contexto del desencuentro

Virtudes como la generosidad, la humildad y la serenidad son claves para reconocer el daño y tomar correctamente la culpa. Y, por supuesto, deben estar presentes siempre, no sólo cuando ocurre una discrepancia. Así lo demuestran muchos estudios y ha sido la conclusión reciente de un grupo de académicos de la Facultad de Psicología de la Universidad del Desarrollo.

Ellos describen que el terreno más fértil para la relación matrimonial es el equilibrio entre el deseo y el cuidado. Obviamente en algunos momentos el péndulo se va para un polo u otro, pero en promedio, está centrado. Porque cuando se hace protagonista el cuidado, la relación se parece a la de una madre y su hijo, donde uno se desvive por agradar al otro. Y en los casos donde la base es el deseo, se forja una relación muy intensa, pero que no se proyecta en el tiempo, que se centra en lo físico y es, por lo tanto, más vulnerable.

Cuando hay cuidado, apoyo, atracción y comprensión las faltas no desgastan. Primero, porque será difícil pasar a llevar muy profundamente al otro y porque el que se equivoca pide perdón a tiempo. Pero también porque se produce un círculo virtuoso: lo bueno de la relación es el más poderoso argumento para hacer la vista gorda a lo malo y para estar pendientes de no herir al otro.

Cinco puntos importantes:

* Saber qué hiere a mi cónyuge.
* Estar pendiente de los signos de daño en el otro y no ignorarlos.
* Si soy culpable, aceptar las consecuencias de mi error.
* Pedir perdón. Si es posible, corregir; si no, intentar reparar con otra acción agradable para el otro.
* Analizar qué me llevó a herir al otro e intentar que no vuelva a suceder. Ese esfuerzo ya es un tremendo aporte a la relación.

Cuidado al culpar A veces uno considera que el otro debiera sentirse culpable por no dar nada a cambio de lo que uno hizo. Pero en un matrimonio, las cosas rara vez son linealmente recíprocas.



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Somos seres humanos imperfectos y por lo tanto no puede haber matrimonios perfectos, pero si matrimonios saludables. Un matrimonio saludable, no es uno que no tenga problemas; es un matrimonio que sabe manejar los problemas y los conflictos.

Además de que no somos perfectos, somos muy diferentes y las maneras de pensar y de enfocar las circunstancias de la vida son muy diversas. Entonces esto nos lleva a una pregunta:

¿Cómo puede sobrevivir un matrimonio con tales diferencias?

El diseño de Dios para el matrimonio es la unión de dos personas imperfectas, con muchas diferencias físicas, temperamentales, sicológicas; para que fueran un complemento. Por lo tanto esta relación complementaria necesita de una gran capacidad de paciencia, tolerancia y respeto para que pueda funcionar. Si alguno de los dos o los dos no son tolerantes, dispuestos a ceder, ese matrimonio está prácticamente condenado al fracaso.

Muchas veces no es fácil ceder porque tenemos convicciones basadas en nuestro sistema de creencias que nos hacen pensar que somos nosotros los que tenemos la razón, pero la verdad es que de nada nos sirve tener la razón si al querer imponerla vamos a lastimar la relación con nuestro cónyuge.

Todos queremos vivir en paz y en unidad, pero si no aprendemos a ceder, a conversar sobre las diferencias de opinión sin pretender imponer la propia, va a ser muy difícil alcanzar esa paz anhelada.

En cualquier decisión del diario vivir en el hogar, debemos procurar ponernos de acuerdo, hablar del tema, exponer argumentos de porque nos parece que se deben hacer las cosas de A o B manera. Si la pareja no logra llegar a un acuerdo, deben orar y pedir la ayuda y la revelación de Dios para tomar una decisión sabia, o busquen ayuda con un consejero especializado; pero nunca traten de imponer las decisiones, porque esa actitud va a generar heridas que pueden dañar la relación.

Si una persona le cuesta ceder y reconocer que su cónyuge puede tener la razón, tiene una actitud de orgullo y prepotencia. Una persona con esa actitud, tiene que tomar la decisión de buscar ayuda para liberarse de esa actitud antes de que dañe irreparablemente su relación.

Si quieres tener y mantener un matrimonio saludable, tienes que tomar la decisión de ceder muchas veces y estar dispuesto(a) a aceptar las ideas y conceptos de tu cónyuge. Eso implica en cierta manera morir a sí mismo(a) para que viva el matrimonio. Al fin de todo, nada ganamos y hasta podemos perder mucho por no ceder, pero si podemos ganar mucho en la relación del matrimonio y al final, disfrutar de lo más hermoso que Dios nos ha dado.

Tú matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

fuente:www.libresparaamar.org
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Equipo, habla de: Unidad, Complemento, Fidelidad, Compromiso, Propósito y Apoyo mutuo.
Un equipo debe trabajar en unidad. Es imposible obtener buenos resultados cuando hay división o no hay una disposición de trabajar en equipo. El equipo del matrimonio debe tener esta conciencia de unidad en su relación y evitar toda actitud de división. Unidad no significa estar de acuerdo en todo, pero si estar dispuestos a escuchar, reconocer y ceder cuando se vean mejores opciones para toma de decisiones.

Somos complementarios. Los hombres y las mujeres son muy diferentes en muchas formas; y todas estas diferencias nos hacen complementarios, no incompatibles. En un equipo se conjugan las diferencias para cubrir todas las áreas. En el equipo del matrimonio, igualmente las diferencias se complementan para tener un hogar balanceado y estable. Las fortalezas del uno son generalmente debilidades en el otro y viceversa.

En un equipo los miembros deben ser fieles en cumplir su responsabilidad cada uno de acuerdo a las instrucciones del Director. Hay reglas e instrucciones que nos ha dejado nuestro Padre Celestial como diseñador del Matrimonio y tenemos que esforzarnos por cumplirlas y permanecer fieles a esas instrucciones para bien del equipo. Cada miembro debe cumplir sus responsabilidades fiel e incondicionalmente.

Al aceptar a nuestro cónyuge aceptamos el compromiso de trabajar por el bienestar y la felicidad de él (ella). Es un compromiso que adquirimos como hijos de Dios y que lo cumplimos para honrarlo a ÉL. Si se cometen errores, se debe asumir la responsabilidad y hacer los cambios necesarios para mejorar.

Todo equipo tiene un propósito; y el propósito del Matrimonio es formar una familia y disfrutar de todas las cosas buenas de la vida a la manera de Dios. El propósito del matrimonio es que logren la meta del equipo, no las metas individuales. Que logren ser campeones como matrimonio y como familia.

En un equipo los componentes del mismo se deben apoyar mutuamente. Si alguno falla, los demás lo cubren y lo ayudan. Igualmente en el Matrimonio, ambos cónyuges deben tener una actitud de apoyo incondicional para mantener la estabilidad emocional y esa libertad que los ayudará a alcanzar grandes cosas.

Un equipo que hace bien las cosas es prosperado. Un matrimonio que funciona como un equipo, es un matrimonio que será prosperado en todo.
Si su matrimonio no ha funcionado como un equipo, tome la decisión junto con su cónyuge de poner la conciencia de equipo en su relación y de trabajar en los aspectos que sea necesario para lograr convertirse en un equipo ganador.


Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado.


Fuente:renuevodeplenitud.com

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Si en tu relación día tras día o semana tras semana enfrentan tu y tu pareja las mismas discusiones, las mismas peleas y tienen así más de un mes, muy posiblemente esten atrapados en un círculo vicioso. Es muy fácil caer en un círculo vicioso o un patrón improductivo, ya que muchas veces no vemos más allá de nuestra nariz y empezamos a repetir la misma estrategia sin obtener el éxito que buscamos ante una situación dada.

En otras palabras, día tras día, cada vez que surge el mismo problema, intentamos más de lo mismo, lo cual puede consistir en enojarnos y discutir o pelear con nuestra pareja, enojarnos y quedarnos callados, dejar de hablarle a nuestra pareja, entre otros ejemplos según sea el caso. Al respecto es muy popular la frase de Albert Einstein en la que comenta, “locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando resultados diferentes.”

Yo no iría tan lejos en decir que se trata de locura, ya que es algo que se da todo el tiempo en los seres humanos. Pero sí definitivamente es muy útil aprender a identificar cuando estamos cayendo en más de lo mismo. Bueno, ¿qué hacer cuando nos hemos dado cuenta que estamos haciendo más de lo mismo una y otras vez? Es muy sencillo -más no tan fácil. Haz algo diferente. Haz lo que sea, lo que se te ocurra, mientras no sea igual o similar a lo que has venido haciendo.

Cuando tu pareja haga eso que te molesta o irrita EVITA responder de la misma manera que lo haces siempre. El motivo principal para dejar de hacer más de lo mismo es que si la situación se sigue presentando, es que obviamente no te ha dado el resultado que buscas, es decir no te esta funcionando eso que intentas. Entonces es momento de hacer algo diferente.

¿Identificas alguna situación que se presente de forma regular en tu relación? ¿Identificas alguna respuesta conductual de tu parte que repites una y otra vez sin éxito? Si es así, intenta probar algo diferente.
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Existen muchos modelos de vida diferentes. Algunas personas apuestan por la soltería como una forma de disfrutar el presente el máximo. Sin embargo, vivir en pareja también es una opción muy elegida por un elevado índice de la sociedad. En este tipo de casos, estar bien con la pareja repercute de forma muy positiva en el bienestar emocional y en la salud. Es decir, trabajar por la calidad de una relación de pareja implica estar bien con uno mismo para poder disfrutar de la compañía del otro.

Pero está claro que el amor atraviesa diferentes etapas. La pasión inicial desciende con el paso de los años hasta convertirse en un amor más sereno y tranquilo. Sin duda, una de las claves de una historia de amor que crece y se desarrolla a lo largo de los años se basa en una comunicación asertiva, es decir, en la empatía. En la capacidad que cada persona tiene de ponerse en el lugar del otro.

En el amor, muchas veces es cierto que los polos opuestos se atraen. Por ejemplo, existen parejas en los que el chico es muy sociable y disfruta haciendo planes con los amigos mientras que la chica es tímida y reservada, por lo que sufre cuando conoce a gente nueva. Esta situación que a veces, puede separar a una pareja puede ser una excusa para que ambos aprendan a conocerse mejor. De este modo, uno puede ayudar a otro a superar barreras sociales y a integrarse mejor con los demás en los planes de grupo.

Fomentar la compatibilidad en la pareja implica una gran capacidad de análisis y de conocimiento no sólo propio sino también del otro. Pero es un placer poder estar bien con la pareja puesto que eso significa que dos personas siguen enamoradas y disfrutan haciendo planes y compartiendo tiempo en común.
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