El más profundo sueño de libertad, de comunicación, de singularidad, de amor, corre el riesgo de naufragar en medio de las adversidades o, simplemente, de marchitarse. En muchas parejas termina en el fracaso y la separación. En otras muchas, el fracaso es interior, pero no estalla en separación. ¿Cómo influyen la fe y la esperanza religiosa de las parejas comprometidas en la aventura del amor?



La experiencia cristiana aporta un repertorio de nuevas posibilidades. Pero hay algo básico, por pertenecer al orden creatural. Sin hablar de la sacramentalidad como elemento cristiano más significativo, es cierto que vivir la aventura del amor bajo la mirada de Dios abre nuevas oportunidades. Surgen del hecho de que Dios quiere la felicidad de sus hijos. El sueño de Dios coincide con los más hondos sueños de la pareja. Dios mismo está implicado en el logro de esa relación de amor. Está presente en la vida de los cónyuges. Si el Dios que «hace posible lo que parece imposible» está interesado en el éxito de cada relación conyugal, ello significa una nueva dinámica. Puede renacer el fuego del amor desde sus cenizas. El sueño profundo es siempre recuperable. No es menester renunciar a él. Dios quiere que seamos felices. Y la felicidad de la pareja reside en el desarrollo de una relación íntima, profunda, responsable. Dios los llama a persistir en la realización de ese proyecto de amor forjado durante el noviazgo y primeros años de matrimonio, que constituyen la experiencia fundante del matrimonio.

En el contexto del Dios-amor, la lucha humana por construir el amor de pareja descubre que no es un esfuerzo destinado al fracaso último. Lo sería en el caso de que la muerte fuera la separación definitiva y total de ese amor. Desde la perspectiva religiosa, el amor conyugal es iniciación y grito de resurrección: Te amo tanto que necesito que no te mueras para siempre. Te amo tanto que el Dios de la vida hará que nuestro amor sea más fuerte que la muerte.

Por su parte, el amor conyugal es una vía privilegiada de acceso a la experiencia de Dios. «Y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor» (1 Jn 4,7-8)

Fuente: http://encuentra.com/noviazgo_y_matrimonio/entender_el_noviazgo_y_el_matrimonio14860/
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